<VOLVER A PROYECTOS PROPUESTA PAPALOTE MUSEO DEL NIÑO
Programa: Cultural. Área: 20,040 m² Ubicación: Del. Iztapalapa CDMX. Seguimiento: Proyecto Finalista. Colaboradores: JSchmidt, S. Esses, J. Lino, Dr. R. Valles
La propuesta configura una volumetría que completa el tejido existente, propiciando la continuidad del perfil urbano como una masa modelada continua. Ofrece así un diálogo respetuoso con la arquitectura circundante. Este es un edificio que desde su exterior es amigable y respetuoso con el entorno, una obra que no pretende imponerse, sino más bien integrarse y definirse a partir de las relaciones que genera y los elementos que logra incorporar. Como puede verse, la edificación incorpora raíces prehispánicas en su diseño, levantándose de forma ascendente sobre un talud que busca remitirnos a lo sagrado, a la cultura ancestral que late en el alma de los mexicanos y en la memoria de esta tierra. El escalonamiento ascendente es un gesto primario que encontramos en casi todas las culturas prehispánicas, signo de poder y humildad a la vez, búsqueda de lo sublime y reconocimiento de nuestro lugar en la Tierra. Sobre este talud se yergue una geometría elevada que busca vincularnos con los cuatro elementos, los puntos cardinales, la luz, las estrellas y los propios ritmos del mundo. Busca integrar al universo dentro de sí, dejarlo entrar y revelarlo. El talud se convierte, como en las antiguas ciudades, en ese espacio de intercambio e interacción social. Desde las plataformas, abundantes en vegetación y cultivo, esta construcción se abre y se comparte, no rompe ni interrumpe, más bien invita, absorbe e integra a quien transita por el lugar o decide llegar a él. Se convierte en este espacio que no sólo hace evidente la belleza del mundo, sino que resuelve una necesidad básica de Iztapalapa. Es desde esta elevación escalonada que se logra participar e interactuar con la ciudad. Jugando con su propia volumetría, este edificio se levanta y abre un eje para el peatón. Un eje que recorta el camino. Un eje que cruza de calle a calle. Un eje que integra el flujo de la ciudad dentro de sí. Esta filtración es un gesto simple pero fundamental que lo vuelve permeable. Esta fisura que se entrega al peatón y al habitante consolida así el propósito mismo del museo, el objetivo de convertirse en un modelo de construcción que se cede a la ciudad y a quienes en ella habitan.
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